La pieza fue adquirida en Europa en 1837 por el Sr. Francisco Fagoaga siguiendo los consejos de José Madrazo y Agudo (1781-1859) pintor del Rey Carlos IV de España. Pasó a las colecciones Cardoso y Escandón. Había sido atribuida a Alberto Durero, y después a DirkBouts, bajo cuyo nombre ingresó a la Academia de San Carlos, posteriormente se reatribuyó al Maestro de la Sibila Tiburtina.
La resurrección de Lázaro permite conocer las características de la pintura flamenca todavía situable en el gótico, pero ya en transición al llamado Renacimiento Nórdico, que cambiaría la manera de representar al mundo. La buena representación en la pintura o la escultura se juzgaba a partir de que la figura o personajes fueran excelentes medios o canales que desviaran la atención del contemplador de la mera figuración material de lo representado hacia el significado trascendental. La efectividad de la obra recaía en la efectividad para transmitir el mensaje divino, el significado.
La obra refiere el milagro de la resurrección de Lázaro según el evangelio de san Juan, cuando Jesús fue convocado a Betania para dar el pésame a las hermanas de Lázaro quien había muerto recientemente. Marta, ubicada a la izquierda, le dijo a Jesús que si hubiese estado presente lo hubiera salvado, lo mismo María (Magdalena), de ahí que Jesús les conminó a creer que él era la resurrección y la vida, al llegar a la sepultura le ordenó levantarse y así lo hizo, siendo testigos judíos y fariseos. Estos últimos pretendieron ocultar el hecho para prevenir al templo judío de una intervención del gobierno romano.
La escena muestra del lado derecho el grupo de personajes descritos en el evangelio como príncipes, donde Magdalena aparece en primer plano. Del lado izquierdo, está Marta, hermana de Lázaro, Jesús dando la bendición, y algunos de los apóstoles, testigos del hecho. Al centro con el sudario envolvente, se encuentra Lázaro saliendo de la tumba. Hay personajes vestidos a la usanza antigua, como otros vestidos de acuerdo a la modaflamenca, lo que sitúa la imagen en un plano tanto histórico como contemporáneo.
Esta obra contiene un trabajo muy complejo en torno a la representación arquitectónica y el paisaje del fondo que incluye un espejo de agua, lo que da un manejo armonioso de perspectiva. Cabe señalar que el tratamiento de las sombras da a esta tabla un sentido realista, que ubican al artista como moderno entre los pintores de su tiempo. El tema fue muy recurrido en la época por su simbolismo premonitorio de la muerte de Cristo y su propia resurrección.
Marco Antonio Silva Barón
Jefe de curaduría e investigación del Museo Nacional de San Carlos. |