Museo Nacional de San Carlos  
El edificio

Palacio del Conde de Buenavista

La construcción del edificio del Museo Nacional de San Carlos se llevo a cabo a finales del siglo XVIII y principios del XIX y se le atribuye al arquitecto y escultor valenciano Manuel Tolsá, autor también del Palacio de Minería.  La historia del edificio se remonta al encargo realizado por la marquesa de Selva Nevada, María Josefa Rodríguez de Pinillos y Gómez de Bárcena, para entregarlo como patrimonio a su hijo José junto con el título de Conde de Buenavista.

A lo largo del siglo XIX sirvió de residencia para distintos personajes de la historia de México. Ya en el siglo XX,  el edificio tuvo fines distintos a los residenciales. Por ejemplo, fue sede de la Tabacalera Mexicana, de la Lotería Nacional y de la Escuela Nacional Preparatoria N° 4, entre otros. Finalmente en 1968 el edificio es cedido al Instituto Nacional de Bellas Artes y es destinado a albergar la colección de arte europeo antes resguardada por la Escuela Nacional de Bellas Artes (antigua Academia de San Carlos).

Este edificio de clara factura neoclásica muestra, a través de la fachada principal, una simetría racional y equilibrada, acentuada por el uso de elementos característicos de dicho periodo como frontones, vanos adintelados y balaustradas. No obstante, este neoclasicismo es matizado por la presencia de la línea curva en la fachada que, además de prefigurar el espacio del patio interior, crea un primer vestíbulo que acoge al visitante y le invita a continuar hacia adentro. Este elemento curvilíneo nos hace pensar en cierta influencia barroca de la escuela de Bernini y Borromini, especialmente en sus iglesias italianas.  Definitivamente podemos ver la maestría del arquitecto en la armonía y equilibro del edificio, y en el cuidado a detalle de cada elemento, sea éste estructural u ornamental.

Las escaleras


La escalera del Palacio del Conde de Buenavista recuerda la que Manuel Tolsá realizó en el Palacio de Minería, en ambas se observa el cuidado en el detalle de cada elemento, sea éste estructural u ornamental.

Construida en el extremo sur-poniente del edificio, y flanqueada por ocho columnas dóricas, cuatro de ellas exentas y cuatro adosadas a los muros de ambos lados, la escalera arranca en un vestíbulo, aislado, en cierta medida, del resto del palacio, lo que nos brinda una sensación de intimidad que preludia el acceso a lo que fueran las habitaciones privadas del palacio.

Después de ascender doce peldaños por la escalera que inicia en una rama, se llega a un descanso a partir del cual se divide en dos ramas, peculiaridad que proporciona al espacio no sólo mayor comodidad, sino también un aspecto majestuoso.

Con un ritmo que parece simular el movimiento de los que por allí ascienden, los balaustres se oblicuan y vuelven a retomar la verticalidad, en un juego cadencioso que sigue el compás de cada paso.
El ascenso culmina en una gran puerta de cantera, con vanos ornamentados con herrería, que sirve a su vez como acceso al pasillo del piso superior.

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El patio oval



El patio del Palacio del Conde de Buenavista se tomó como punto primordial en torno al cual se fue desarrollando la ejecución total del edificio.  Se diseñó a partir del trazo de una elipse que, enmarcada por un rectángulo, es un ejemplo del uso de los tratados de artistas como Iacomo Barozzi da Vignola (1507-1573).

Las plantas siguen el estilo de las casas coloniales, en la baja se distribuyeron los espacios públicos y los destinados a la servidumbre, mientras que los espacios privados se acomodaron en la planta alta.En el piso bajo está delimitado por veinte pilares almohadillados de capitel toscano, dispuestos simétricamente, cuyos ejes coinciden en un punto central a partir del cual se puede contemplar el edificio en su totalidad.  El ritmo causa un juego de luces y sombras que evoca el  barroco.

En el piso superior, la elipse se define por una balaustrada, interrumpida de tramo en tramo por los altos basamentos donde se sustentan veinte columnas de orden jónico compuesto, que se continúan sobre los pilares del piso bajo.  La cornisa se proyecta y rompe la línea del entablamento, y es el elemento donde se apoyan la balaustrada y los florones que coronan el espacio elíptico del patio.

Fachada principal


En este edificio se armonizan los estilos barroco y neoclásico. El primero se manifiesta en la planta, en su remetimiento semielíptico que, al tiempo que prefigura el patio interior, funciona como un primer vestíbulo que acoge al visitante y le invita a continuar hacia adentro. El segundo se observa en la  simetría racional de los dos cuerpos de la fachada principal. En su cuerpo inferior, el almohadillado de cantera gris, -material utilizado en todo el edificio-, se alterna con los vanos adintelados de las ventanas y de la entrada principal.  En su cuerpo superior los vanos se convierten en balcones, cuyas balaustradas van apoyadas en ménsulas; aparecen separados entre sí por pilastras estriadas, y rematados sucesivamente con frontones triangulares y semicirculares.

El balcón central sobresale, flanqueado por columnas pareadas, de fuste estriado y capiteles de orden jónico compuesto, que ayudan a soportar el entablamento.  Sobre la cornisa se apoyan la balaustrada y los florones, elementos que en su repetición dan unidad a la obra, al tiempo que constituyen una especie de firma de autor que de inmediato nos remite a Tolsá.


   

Fachada sur



En su inicio el Palacio del Conde de Buenavista fue concebido como casa de campo. Contaba con un jardín y huertas que se prolongaban hacia el sur. El clima de la Ciudad de México propiciaba el disfrute de espacios como este, por medio de paseos y tertulias, de carácter familiar o social. De ahí la importancia que los arquitectos otorgaban a las fachadas posteriores de estas residencias.

Tres escalinatas, permiten acceder a un pórtico que destaca en el cuerpo bajo de la fachada, y que recuerda a la arquitectura clásica por las seis columnas de orden dórico que lo sustentan y que sirven al mismo tiempo como soporte para la terraza del cuerpo superior.

Construidos dentro de un orden por demás simétrico, los dos cuerpos de la fachada posterior presentan una sucesión de vanos adintelados, a excepción del que corresponde a la puerta de acceso al edificio, resuelto con un arco de medio punto.  Los vanos del cuerpo superior están separados entre sí por pilastras de orden toscano, levantadas sobre altos basamentos.  El entablamento, ornamentado con triglifos que casi han desaparecido, se extiende a lo largo de la fachada.

Y como una constante común a las obras el arquitecto Manuel Tolsá las balaustradas aparecen en escalinatas, balcones y rematando la construcción

 

 


Entrada $31 pesos. Domingo entrada libre.
Maestros y estudiantes con credencial, adultos mayores
con credencial del INAPAM, personas con discapacidades
físicas, niños menores de 13 años, entrada gratuita.

Abierto de martes a domingo de 10:00 a 18:00 hrs.
Préstamo de sillas de ruedas y bastones.
Acceso a invidentes con perros guías, estacionamiento para personas con discapacidad.

Puente de Alvarado No. 50, Col. Tabacalera
Del. Cuauhtémoc, 06030 México, D.F.
Tels. 5566 8085 - 5566 8342 Fax. 5535 1256
Metro: Revolución e Hidalgo
Metrobús: Plaza de la República, Revolución y Museo de San Carlos
www.bellasartes.gob.mx


Esta página es auspiciada por el PATRONATO DEL MUSEO DE SAN CARLOS, A.C.

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